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Test Test Reflexión Pastoral Reflexión Pastoral

Publicado el: miércoles, 8 de julio de 2015 a las 3:00 pm

Esto es la segunda prueba

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Publicado el: miércoles, 8 de julio de 2015 a las 1:56 pm

Esto es una prueba

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Publicado el: lunes, 6 de julio de 2015 a las 10:28 am

Reflexión No. 5: Los detalles de Dios

refl5Texto Bíblico Clave: “Cuando ya no pudo seguir ocultándolo, preparó una cesta de papiro, la embadurnó con brea y asfalto y, poniendo en ella al niño, fue a dejar la cesta entre los juncos que había a la orilla del Nilo” (NVI -Ex. 2: 3).

A todo el mundo le gustan los “detalles.” Un “detalle” es una muestra de educación, delicadeza o cariño. En todo caso, es una forma de expresar el afecto de alguien hacia otra persona. ¿Quién no ha sido recipiente de un detalle? Usualmente tenemos detalles con la gente que queremos y apreciamos. Tenemos detalles con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestras esposas o esposos. Detalles con gente que nos aprecia. Los detalles tienen que ver con nuestros valores. Una persona detallista, es así, porque probablemente en su hogar recibió tal modelaje. Hubo cariño y afecto.

El texto bíblico en consideración hace referencia a un Dios que es detallista. Es decir, tiene detalles a la hora de lograr sus planes y propósitos. La historia del nacimiento de Moisés (Ex. 1; 2: 1-10) es una que al leerla con detenimiento descubrimos cómo Dios cuidó y preservó la vida de éste desde su nacimiento.

Lo primero que tenemos que señalar es, que Moisés nace bajo circunstancias difíciles. Para ese momento histórico el pueblo de Israel era esclavo de los egipcios y estos tenían a los israelitas haciendo trabajos forzosos, sobretodo en la construcción de grandes ciudades de almacenaje como lo eran las ciudades de Pitón y Ramsés (1: 11).

El Faraón al ver que los hebreos crecían en número decide establecer una ley en la que todo niño varón que naciera debía ser asesinado por las mismas parteras. Las parteras no obedecieron y por ende, el faraón mandó a echar al río a todo hijo que naciera en aquel momento. Cuando Moisés nace, ese edicto ya estaba establecido.

Al nacer Moisés, su madre, llamada Jacobed vio que era hermoso (v. 2a) y logró esconderlo en contra del edicto del faraón (1:22). En la providencia de Dios, el texto bíblico nos muestra a una madre excepcional. Ésta mujer demostró su amor por el niño logrando ocultarlo por tres meses (v. 2b). Simplemente, para evitar que le hicieran daño. Cuando no pudo ocultarlo más, ella usó una antigua estratagema semítica. Preparó una arquilla y puso al niño entre los juncos a la orilla del río Nilo (v. 3). Aquí quiero que veamos los detalles de cómo Dios usó a esta madre y ella con muchos detalles preparó la salvación de su propio hijo: 1) preparó una arquilla de juncos –es decir un pequeño bote. Arquilla es el diminutivo para “arca” es decir, una especie de bote, nave 2) y la “calafateó” –en otras palabras, unió los juncos entre sí formando la forma de una pequeña barca y embadurnó las uniones de esos juncos con brea y asfalto. Eso se hace para crear una capa sólida y así el agua no entre a la arquilla y 3) colocó al niño dentro de la arquilla a la orilla del río.

El verso 4, indica que la hermana de Moisés velaba hacia dónde se dirijía la barquilla. A ver qué le pasaría al bebé. En adelante, la historia indica que la hija del faraón estaba bañándose en el río. ¿Coincidencia o casualidad? La madre de Moisés y su hermana sabían de esta dinámica y todo fue preparado adrede.

En Dios no hay coincidencias. Los planes de Dios son perfectos y no surgen al “azar” a ver qué ocurre. Lo que Él va a hacer lo hace bien para que su voluntad sea cumplida perfectamente.

Jocabed obedeció la orden del faraón de echar al niño al Nilo, pero no lo tiró río abajo a merced del agua y de los animales de la zona. Puso la arquilla de manera estratégica. Cerca de donde iba a bañarse la hija del faraón.

La hija del faraónvio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase (v. 5). Al abrirla, el niño comenzó a llorar, y la mujer egipcia, reconociéndolo como varón de los hebreos, tuvo compasión de él (v. 6). Los eventos subsecuentes indican que la hija de faraón le devolvió el niño a su madre para que lo criara en las primeras etapas de la infancia de éste. Ya crecido el niño se lo llevó a la hija del faraón y ella lo adoptó como hijo suyo. El resto de la historia es conocida por todos nosotros. Moisés creció como un príncipe en el contexto de la realeza. Y, aunque eventualmente Moisés se une a la causa de su pueblo Israel, no es menos cierto que todas estas etapas que vivió en su niñez y juventud lo prepararon para constituirse en el líder y caudillo de dicho pueblo. Moisés es un ejemplo de un hombre con gran inteligencia, educación, conocimiento de estrategias militares y sobretodo de obediencia a Dios. Con estos atributos logró dirigir a los isarealitas fuera de Egipto y ayudarlos a cruzar todo el desierto hasta la tierra prometida. Si no se hubiesen dado todas éstas etapas previamente, las otras etapas no hubiesen prosperado. Esto implica que en nuestras vidas cada etapa y vivencia que experimentamos es necesaria para llegar a otros niveles.

Hoy día Dios nos prepara de muchas formas y utiliza diversas experiencias de vida para formar nuestro carácter. En ocasiones nos desesperamos ya que deseamos que ciertas cosas lleguen o se den a nuestra manera. Sin embargo, “no podemos llegar al otro lado del río sin primero cruzar el mismo.” Es decir, no podemos “saltar” ciertas etapas en la vida que son necesarias para que marcadas, formadas, maduradas y “calafateadas” por la vida misma permitan que la voluntad de Dios se manifieste finalmente sobre ciertos aspectos en nosotros. Te pregunto hoy: ¿has sentido que estás en algún proceso en el que Dios te está preparando para algo? ¿has notado en los diversos aspectos de tu vida los detalles de Dios? Es decir, cómo Dios te va preparando en cada momento y en cada etapa para dirigir tu vida hacia algo mayor. O, simplemente te ha estado preparando para lidiar con ciertas situaciones hoy. Hay procesos de vida que son dolorosos, pero no por ello podemos afirmar que Dios no está presente o Dios patrocina el sufrimiento. Hay veces que resulta necesario salir de la comodidad (“comfort”) para valorar con mayor ahinco la vida y todo lo que nos rodea. De otra manera, no podríamos “despertar” a ciertas realidades.

Un consejo: si entiendes que Dios está obrando en tu vida de manera particular en relación a ciertas situaciones que estás viviendo entonces, deja que Él siga trabajando contigo. Eso sí, camina, actúa y pide dirección. Dios siempre nos guiará con “detalles” que iluminarán nuestro camino.


Publicado el: lunes, 6 de julio de 2015 a las 9:33 am

Reflexión No. 4: Prosigo a la Meta

refle4Texto Bíblico Clave: “yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (NVI -Fil. 3:13).

El mundo en que vivimos es uno marcado por la competencia. Existen diversidad de competencias: competencia de canto, competencia de talentos, competencia de baile, competencia de reinas de belleza, competencia de conocimiento, etc. En muchos casos, el tipo de competencia que el mundo contemporáneo promueve es una que busca el éxito, la fama y la riqueza material.

En el presente texto bíblico, Pablo utiliza un lenguaje que corresponde al mundo antiguo. Parece utilizar un lenguaje que corresponde al mundo de las carreras. Los juegos olímpicos tuvieron su origen en la antigua Grecia en el 776 a.C. y se extendieron hasta el 393 d.C. Pablo conocía de estos juegos y es probable que en el algún momento presenciara alguna carrera de atletas. Tomando probablemente esa imagen de las carreras, Pablo se presenta así mismo como alguien que está en una de ellas. Aclaro que Pablo no trata de exponer que la vida cristiana es una carrera para competir; más bien utiliza la imagen del corredor para exponer que la vida cristiana es un largo camino y todo aquel o aquella que está en él debe recorrerlo hasta llegar a una meta. La vocación cristiana trata de un camino a seguir. De hecho, a los primeros cristianos se les conoció como “los del camino.”

Para no dejar la impresión de que ya había alcanzado la meta, Pablo tuvo mucho cuidado en indicar que todavía él se encuentra en la carrera de la vida. Con ello le dice a la iglesia de Filipos que no basta con haber tenido un encuentro con Cristo y con dicho encuentro –acaba todo. ¡No! Pablo trata de comunicar a sus hermanos en Filipos que la vida cristiana se inicia con Cristo, pero es un continuo progreso de crecimiento constante. Se trata de un estilo de vida con propósito. La vida cristiana no se da en el vacío sin principios que seguir. Tiene un “Norte”. Los caminos se hicieron para avanzar, para llegar a un lugar.

La palabra griega para “meta” es la palabra “skopos” que viene del verbo “skopeo” que traducido significa “mirar a”. Es decir, aquello en lo que se fija la vista. En este caso, algunos académicos indican que Pablo, quizás, se refiere también a las carreras de carros en donde el conductor tenía que estar muy pendiente al camino y a la meta. Distraerse sería fatal. Esto implica que aunque nuestras vidas estén bajo el cuidado de Dios es vital mantener fija nuestra meta. Existen muchas cosas en la vida que nos distraen y desenfocan. Cada uno de nosotros debe identificar aquello que nos distrae, desenfoca y aleja de Dios. Dios desea ser compañero en el camino.

Al final de su comentario Pablo indica cuál es esa meta: “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Aunque dicho premio se relaciona con la vida futura, ese galardón también tiene que ver con disfrutar de la compañía y presencia de Dios aquí y ahora. Se trata de vivir la vida cristiana, no sólo desde una perspectiva teórica, sino práctica. En plenitud. Ello incluye también nuestros sueños y metas personales. Así que, todos estamos en esa carrera. En ella nos encontramos con diversos obstáculos: enfermedad, crisis económica, decepciones, frustraciones, pérdida de un ser querido, divorcio, desempleo, malas noticias, etc. Lo único que las Escrituras nos piden es, a mantenernos en ese camino con la mirada puesta en Dios. Lo demás el Señor lo hará, precisamente en el camino de la vida ya que es en la vida (en el conflicto o en la quietud) donde siempre Dios habrá de manifestarse como Él sabe hacerlo. Recuerda: pase lo que pase en tu vida, aún cuando tus metas se pospongan –manten tu mirada en Dios. Él siempre sale a nuestro encuentro.