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Reflexión Pastoral - Rev. Pablo E. Rojas

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Publicado el: Lunes, 6 de julio de 2015 a las 10:28 am

Reflexión No. 5: Los detalles de Dios

refl5Texto Bíblico Clave: “Cuando ya no pudo seguir ocultándolo, preparó una cesta de papiro, la embadurnó con brea y asfalto y, poniendo en ella al niño, fue a dejar la cesta entre los juncos que había a la orilla del Nilo” (NVI -Ex. 2: 3).

A todo el mundo le gustan los “detalles.” Un “detalle” es una muestra de educación, delicadeza o cariño. En todo caso, es una forma de expresar el afecto de alguien hacia otra persona. ¿Quién no ha sido recipiente de un detalle? Usualmente tenemos detalles con la gente que queremos y apreciamos. Tenemos detalles con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestras esposas o esposos. Detalles con gente que nos aprecia. Los detalles tienen que ver con nuestros valores. Una persona detallista, es así, porque probablemente en su hogar recibió tal modelaje. Hubo cariño y afecto.

El texto bíblico en consideración hace referencia a un Dios que es detallista. Es decir, tiene detalles a la hora de lograr sus planes y propósitos. La historia del nacimiento de Moisés (Ex. 1; 2: 1-10) es una que al leerla con detenimiento descubrimos cómo Dios cuidó y preservó la vida de éste desde su nacimiento.

Lo primero que tenemos que señalar es, que Moisés nace bajo circunstancias difíciles. Para ese momento histórico el pueblo de Israel era esclavo de los egipcios y estos tenían a los israelitas haciendo trabajos forzosos, sobretodo en la construcción de grandes ciudades de almacenaje como lo eran las ciudades de Pitón y Ramsés (1: 11).

El Faraón al ver que los hebreos crecían en número decide establecer una ley en la que todo niño varón que naciera debía ser asesinado por las mismas parteras. Las parteras no obedecieron y por ende, el faraón mandó a echar al río a todo hijo que naciera en aquel momento. Cuando Moisés nace, ese edicto ya estaba establecido.

Al nacer Moisés, su madre, llamada Jacobed vio que era hermoso (v. 2a) y logró esconderlo en contra del edicto del faraón (1:22). En la providencia de Dios, el texto bíblico nos muestra a una madre excepcional. Ésta mujer demostró su amor por el niño logrando ocultarlo por tres meses (v. 2b). Simplemente, para evitar que le hicieran daño. Cuando no pudo ocultarlo más, ella usó una antigua estratagema semítica. Preparó una arquilla y puso al niño entre los juncos a la orilla del río Nilo (v. 3). Aquí quiero que veamos los detalles de cómo Dios usó a esta madre y ella con muchos detalles preparó la salvación de su propio hijo: 1) preparó una arquilla de juncos –es decir un pequeño bote. Arquilla es el diminutivo para “arca” es decir, una especie de bote, nave 2) y la “calafateó” –en otras palabras, unió los juncos entre sí formando la forma de una pequeña barca y embadurnó las uniones de esos juncos con brea y asfalto. Eso se hace para crear una capa sólida y así el agua no entre a la arquilla y 3) colocó al niño dentro de la arquilla a la orilla del río.

El verso 4, indica que la hermana de Moisés velaba hacia dónde se dirijía la barquilla. A ver qué le pasaría al bebé. En adelante, la historia indica que la hija del faraón estaba bañándose en el río. ¿Coincidencia o casualidad? La madre de Moisés y su hermana sabían de esta dinámica y todo fue preparado adrede.

En Dios no hay coincidencias. Los planes de Dios son perfectos y no surgen al “azar” a ver qué ocurre. Lo que Él va a hacer lo hace bien para que su voluntad sea cumplida perfectamente.

Jocabed obedeció la orden del faraón de echar al niño al Nilo, pero no lo tiró río abajo a merced del agua y de los animales de la zona. Puso la arquilla de manera estratégica. Cerca de donde iba a bañarse la hija del faraón.

La hija del faraónvio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase (v. 5). Al abrirla, el niño comenzó a llorar, y la mujer egipcia, reconociéndolo como varón de los hebreos, tuvo compasión de él (v. 6). Los eventos subsecuentes indican que la hija de faraón le devolvió el niño a su madre para que lo criara en las primeras etapas de la infancia de éste. Ya crecido el niño se lo llevó a la hija del faraón y ella lo adoptó como hijo suyo. El resto de la historia es conocida por todos nosotros. Moisés creció como un príncipe en el contexto de la realeza. Y, aunque eventualmente Moisés se une a la causa de su pueblo Israel, no es menos cierto que todas estas etapas que vivió en su niñez y juventud lo prepararon para constituirse en el líder y caudillo de dicho pueblo. Moisés es un ejemplo de un hombre con gran inteligencia, educación, conocimiento de estrategias militares y sobretodo de obediencia a Dios. Con estos atributos logró dirigir a los isarealitas fuera de Egipto y ayudarlos a cruzar todo el desierto hasta la tierra prometida. Si no se hubiesen dado todas éstas etapas previamente, las otras etapas no hubiesen prosperado. Esto implica que en nuestras vidas cada etapa y vivencia que experimentamos es necesaria para llegar a otros niveles.

Hoy día Dios nos prepara de muchas formas y utiliza diversas experiencias de vida para formar nuestro carácter. En ocasiones nos desesperamos ya que deseamos que ciertas cosas lleguen o se den a nuestra manera. Sin embargo, “no podemos llegar al otro lado del río sin primero cruzar el mismo.” Es decir, no podemos “saltar” ciertas etapas en la vida que son necesarias para que marcadas, formadas, maduradas y “calafateadas” por la vida misma permitan que la voluntad de Dios se manifieste finalmente sobre ciertos aspectos en nosotros. Te pregunto hoy: ¿has sentido que estás en algún proceso en el que Dios te está preparando para algo? ¿has notado en los diversos aspectos de tu vida los detalles de Dios? Es decir, cómo Dios te va preparando en cada momento y en cada etapa para dirigir tu vida hacia algo mayor. O, simplemente te ha estado preparando para lidiar con ciertas situaciones hoy. Hay procesos de vida que son dolorosos, pero no por ello podemos afirmar que Dios no está presente o Dios patrocina el sufrimiento. Hay veces que resulta necesario salir de la comodidad (“comfort”) para valorar con mayor ahinco la vida y todo lo que nos rodea. De otra manera, no podríamos “despertar” a ciertas realidades.

Un consejo: si entiendes que Dios está obrando en tu vida de manera particular en relación a ciertas situaciones que estás viviendo entonces, deja que Él siga trabajando contigo. Eso sí, camina, actúa y pide dirección. Dios siempre nos guiará con “detalles” que iluminarán nuestro camino.


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