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Reflexión Pastoral - Rev. Pablo E. Rojas

Publicado el: Martes, 15 de marzo de 2016 a las 10:59 am

Reflexión No. 9: “Una Fe Adulta”

jesusTexto Bíblico Clave: “Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: ¡Aumenta nuestra fe!”

(Lucas 17: 5/NVI/1999).

Contrario a como muchos piensan, la fe es un asunto que trasciende el hecho de solo asumirla o tenerla para “creer” y “obtener grandes cosas por parte de Dios.” La fe según el contexto del texto clave (Lc. 17:5) está muy relacionada también con nuestra necesidad de ella para ser formados como buenos discípulos de Jesús.

La fe aunque involucra los elementos intelectuales de comprensión y la convicción de la verdad (Rom. 10:11); se relaciona también con nuestro “actuar” en torno a la verdad. Al referirme a la verdad, me refiero al mensaje revelado que hemos recibido en las Sagradas Escrituras y no a una doctrina o creencia en particular. Esto significa que donde hay fe habrá la voluntad de actuar sobre esta verdad. En palabras sencillas, existe una relación muy íntima entre “el creer” y “el hacer.” Entre “recibir las enseñanzas de Jesús” y “ponerlas por obra o práctica.” No se puede se puede ser discípulo de Jesús si no se internaliza la fe y con ello, se traspola a la praxis diaria. Tal como indica Santiago: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (2:7).

En el texto bíblico en cuestión (Lc. 17:5) –los discípulos piden que se les aumente la fe, no para enfrentar las fuerzas del mal o hacer grandes milagros. Se han dado cuenta que seguir a Jesús implica un corazón limpio y responsable ante Él (ver versos anteriores Lc. 17:1-4). La enseñanza de todo el pasaje (Lc. 17: 1-10) muy bien apunta a que, el discipulado tiene “un costo/unos requerimientos” y por ende, los discípulos piden fe para poder asumir las exigencias del Reino de Dios. Más que exigencias, seguir a Jesús implica una forma de vida.

Si leemos con detenimiento todo el pasaje descubriremos que Lucas está comunicando algo en particular a su comunidad de fe. No podemos perder de perspectiva que los evangelios fueron escritos a comunidades particulares y con una teología particular. Por ello, Lucas, utilizando la presente historia parece plantear que la fe está muy relacionada con una ética de vida que nos llama a un “deber.” Así por ejemplo, fe para ser personas de testimonio ante el mundo. Fe para ser capaces de perdonar cuando es requerido, fe para ser agradecidos a Dios por lo bueno y lo malo, fe para abrazar y amar al necesitado, fe para mantenernos firmes en el camino de seguir a Jesús –aún cuando haya deseos de claudicar o abandonar el mismo. ¿Cuántas veces las mismas pruebas y crisis de la vida nos empujan a pensar tal cosa? De hecho, en el Antiguo Testamento, la palabra relacionada a la fe, es la palabra hebrea “aman” y tiene la connotación de “estar firme,” “ser estable”. Es decir, estar firme en tiempo de prueba por la confianza puesta en las promesas de Dios. Por tanto, los discípulos van a Jesús y le piden fe porque ellos saben que no pueden dar el grado. Necesitan ser asistidos por la gracia de Dios.

Jesús sabe que sus discípulos no son los mejores en asuntos de fe. Él sabe que eso es algo que irán desarrollando en el camino. El texto bíblico expone que ellos reconocen su necesidad. Tienen poca fe, pero tienen deseos de crecer espiritualmente y dicen: “aumenta nuestra fe.” Ellos piden una “fe adulta.” ¿Qué es una fe adulta? La fe adulta es aquella que posee, al menos, dos componentes básicos:

  1. Una fe adulta es una que busca formación: En la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, los que se constituyen en seguidores de Jesús son quienes siguen un “camino.” El concepto “camino” es una de las expresiones más antiguas que se usaba para referirse a aquellos que han asumido la realidad de seguir a Cristo. Es decir, los primeros cristianos que seguían a Cristo eran llamados los del camino o seguidores del camino (del griego “hodos”).

El que sigue a Cristo es alguien que ha sido sacado de la orilla, del margen de la vida, y puesto en un camino donde habrá no sólo de experimentar seguir a Cristo, sino que tendrá que internalizar y poner por práctica lo que aprende de Jesús.

Hoy día, a muchos que dicen ser creyentes no les agrada ser formados. Piensan que lo saben todo. Por otro lado, evaden el diálogo y correlación entre la fe y la razón. Sin embargo, históricamente –en la iglesia, el principio de formación es vital. El que quiere seguir a Jesús “tiene que formarse.” Cuando los discípulos piden que se les aumente la fe, hay allí en esas palabras un grito por la formación. ¡Señor enséñanos, guíanos, fórmanos! La formación es el principio básico para el crecimiento espiritual. Muchos han entendido y entienden la formación como una mera instrucción. La formación es aquello que nos capacita desde la Palabra de Dios para responder eficazmente en la liberación y transformación de mi vida, de los míos, de la iglesia y del mundo.

  1. Una fe adulta es una fe que busca depender de Dios: Esto implica que nuestra fe y capacidad para creer está asistida por Dios. Que la fuerza para enfrentar las “crisis de la vida” que nos llegan –viene de Dios y no siempre de nuestra propia capacidad. En la crisis la mente se nubla, se confunde, la gente se turba y por tanto, necesita confiar en Dios para descansar en él, y no sólo en nuestra propia capacidad física, espiritual y emocional. Una fe que depende de Dios reconoce que Dios es Soberano y que él sabrá cómo obrar en cada situación. Una fe adulta es una fe que no le exige a Dios “milagros” para clarificar si Dios está o no está con nosotros. Una fe adulta es una fe, que simplemente descansa en Dios y aprende a depender de su gracia.

¿Qué tipo de fe estamos viviendo? ¿necesitas que tu fe aumente? Dos asuntos vitales. Primero, confia en la formación de Dios a tu vida. Cada prueba, cada experiencia de la vida, cada día siguiendo a Jesús –es un día de formación y aprendizaje. Considero que no hay experiencias “malas”, sino experiencias que forman y nos ayudan a ver la vida de otra manera. Segundo, si te falta la fe, simplemente pide a Dios que te asista en tal proceso. Somos seres humanos y la fe es un don de Dios.

¡Así nos ayude el Señor!


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