Mensaje de la Presidente

Senado Académico

Sen. Marylian Rivera Presidente XXVIII SA

(…) la tarea del docente, que también es aprendiz, es placentera y a la vez exigente. Exige seriedad, preparación científica, preparación física, emocional, afectiva. Es una tarea que requiere, de quien se compromete con ella, un gusto especial de querer bien, no sólo a los otros sino al propio proceso que ella implica. Es imposible enseñar sin ese coraje de querer bien, sin la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir. Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada de amar.

~Paulo Freire (Cartas a Quién Pretende Enseñar)

Hace unos años cuando culminaba mi práctica docente a nivel de bachillerato, recuerdo cuando en el pasillo de la escuela tropiezo con una maestra que iba de salida. Sorprendida, cuestiona qué hace alguien tan joven allí, por lo que le explico que era estudiante practicante. Alarmada se detiene y con firmeza me ruega que haga otra cosa con mi vida, que aún estaba a tiempo para ser alguien de provecho y que me decidiera por otra profesión. Mi reacción al momento fue sonreír y reiterar mi pasión por la enseñanza, a lo que ella contesta que solo duraría un poco y que luego toda esa pasión por la enseñanza se iría. Confieso que sus últimas palabras me desconcertaron.

Al momento, ya han pasado casi 10 años de esa conversación que aún sigue latente en mi memoria. El recuerdo de esa conversación, aunque al momento fue causa de angustia y ansiedad, ahora solo es motivo de sonrisas, alegría y satisfacción. Sonrío al saber que mi “pasión” por la enseñanza aún sigue igual o más firme. Sonrío, porque al pasar los años logré entender lo que me distingue a mí de esa otra persona: amor.

Bien sabemos que trabajar en un ambiente educativo exige amar no solo el resultado de lo obtenido, sino también el proceso, el camino que para poder llegar a esa meta deseada muchas veces se vuelve cuesta arriba y forzoso. El pasado año 2017 para nuestro querido Puerto Rico no fue fácil, al igual que tampoco lo fue para nosotros los que laboramos en esta Institución.  Aun así, mi pecho se llena de orgullo al pensar en cómo este excelentísimo equipo de individuos, con necesidades particulares y en ocasiones agotados físicas y emocionalmente, se dieron por completo por amor a su prójimo; para servir y no ser servidos.  Tal y como dice Freire, pude ver “la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir,” y eso es lo que nos distingue y nos hace brillar como individuos y como Institución.

Es por eso que el compromiso del Vigésimo Octavo Senado Académico es continuar siendo un foro donde podamos aportar al bienestar de nuestro Recinto y al de nuestra Institución. Anhelo que continuemos siendo ejemplo de un compromiso de amor. Igualmente, solicitamos el apoyo y la participación de todos los que formamos y contribuimos en esta grandiosa Institución educativa universitaria. De mi parte, y de parte de todo el equipo de trabajo del Vigésimo Octavo Senado Académico, gracias por la confianza depositada y el privilegio de poder servirles.

Sean bendecidos en el nombre de Jesús.